¡Ayuda! Se feliz y has feliz a los demás
El Salvador es un país lleno de pobreza que
cada año va aumentando y empeorando.
Un ejemplo de ello, son las familias o niños
que trabajan limpiando vidrios en las calles por obligación de sus padres o por
la extrema pobreza en la que viven.
La situación de todos los días es lo mismo, las
personas pasan en sus carros o van caminando y solamente los miran con cara de
desprecio o simplemente los ignoran. Pero no nos damos cuenta de que somos
seres humanos, todos somos iguales, solo que tenemos diferentes situaciones y
hemos nacido en diferentes ámbitos sociales.
Tuve la oportunidad de conocer una comunidad donde
conviven con personas que trabajan en las calles, otorgándoles comida, un poco
de su tiempo para conversar y convivir. Pero como la mayoría de los ciudadanos,
no tenemos el valor de ayudar con algo sencillo o con lo que este a nuestro
alcance hacia todas esas personas que por diferentes razones llegaron a tener
una vida en las calles.
Pero nunca pensé que esta comunidad hacía algo
hermoso por estos chicos. Un pequeño grupo de la comunidad se divide para ir
por las calles de la ciudad y conocer a estas personas. Esa vez pude acompañarlos
a conocer a un grupo de niños, pero para mi sorpresa me comentaron que era
una familia completa.
Empezamos repartiéndoles galletas y agua, se sintieron
emocionados y muy hambrientos ya que fue algo esencial y satisfactorio para
ellos que trabajan desde las 7 de la mañana hasta las 8 de la noche, pero si no
han conseguido el dinero que necesitan deben quedarse hasta las 12 de la noche,
literalmente les toca vivir por las calles y sobrevivir ante diferentes peligros
a los que están expuestos.
También pude conversar con los niños de la
familia, al principio no me animaba a conversar, ya que me daba miedo de que
les preguntara algo a lo que se sintieran ofendidos o incómodos, pero poco a
poco la conversación fue fluyendo. Pude preguntarle al mayor de los niños, si alguna
vez habían sufrido algún percance estando en las calles, a lo cual me respondió:
–Menos mal no nos ha pasado nada, no nos han
robado, tampoco nos han amenazado, pero la policía nos ha querido sacar a la
fuerza de las calles. Pero esta es nuestra vida y aún así tenemos que defendernos
por cualquier cosa–
Me quedé sorprendida por la naturalidad en
como me lo dijo. La conversación seguía hasta que llegó el momento donde el más
pequeño de los niños me dijo que le tomara una foto, a lo cual me extrañó ya
que empezó a agarrar su botella de jabón y agua, así como el limpia vidrios y le
pregunté:
–
¿Por qué quieres una foto? ¿A dónde
vas? –
A lo cual él rápidamente me respondió:
–
Debo irme ya, tengo que trabajar,
o sino mi mamá me va a regañar –
Fue tan triste ver
a un niño trabajando y viviendo en las calles por obligación de sus padres,
cuando ese pequeño debería estar estudiando y superándose, para un mejor futuro.
Sus padres son
personas que por una u otra razón llegaron a ese nivel de desesperación o
simplemente les gusta vivir de esa forma sin importarles que sus hijos podrían
tener una mejor vida.
Esta experiencia me
cambió la vida, no es necesario darles dinero porque los seguiremos
acostumbrando a vivir en esa situación, démosle comida, amor y un poco de
nuestro tiempo, no los miremos con desprecio, ayudémosle con una sonrisa, una
pequeña conversación ya que ellos se sientes solos e ignorados, démosle comida la
que sea necesaria y digna. Seamos mejores personas, cambiemos, para que poco a
poco los concienticemos de salir de esa jungla en la que están viviendo y que
puedan superarse para ser felices.
Completamente de acuerdo contigo en que podemos poner nuestro granito de arena al ayudar y que esta ayuda no debe de ser estrambótica, un plato de comida hace la diferencia, nuestro tiempo hace la diferencia, sobretodo el empatizar hace la diferencia pues son seres humanos con sentimientos, necesidades y con sueños.
ResponderBorrarTerrible saber lo que muchas personas, sobretodo niños, tienen que vivir esas situaciones a diario; ellos merecen oportunidades y merecen respeto.